La masiva peregrinación hacia el santuario de Punta Corral volvió a dejar en evidencia una problemática que se repite año tras año: la acumulación de residuos a lo largo del camino. A una semana del evento, corredores que realizaron el ascenso por el tramo de Tunalito detectaron botellas, plásticos y otros desechos dispersos en distintos sectores del sendero, generando preocupación por el impacto ambiental en la zona.
El recorrido, uno de los accesos más transitados por los fieles, muestra las consecuencias del paso de miles de personas en pocos días. La basura no se concentra en un solo punto, sino que aparece distribuida a lo largo de todo el trayecto, lo que dificulta su limpieza y evidencia la falta de hábitos sostenibles durante este tipo de actividades multitudinarias.
La situación se agrava por las condiciones climáticas del lugar. El viento característico de la región contribuye a la dispersión de los residuos, trasladándolos hacia áreas de vegetación y sectores más alejados del sendero. Esto no solo complica las tareas de recolección, sino que también incrementa el daño sobre el ecosistema de altura.
El escenario expone una problemática social que trasciende lo ambiental: la necesidad de generar mayor conciencia colectiva sobre el cuidado del entorno en eventos de gran convocatoria. La persistencia de estos residuos refleja la falta de responsabilidad individual y la urgencia de reforzar medidas de prevención, educación y control para preservar uno de los caminos más emblemáticos de la fe jujeña.

