La creciente cantidad de personas que recurren a comedores y merenderos comunitarios vuelve a encender las alarmas en Jujuy. Durante 2026, distintos espacios de asistencia advirtieron que reciben cada vez más familias, niños, adultos mayores y personas en situación de calle, mientras los recursos disponibles resultan insuficientes para sostener la demanda. La situación convierte a estos espacios en un termómetro de las dificultades económicas que atraviesan numerosos hogares de la provincia.
Uno de los casos registrados este año es el del comedor “Garfield”, del barrio San Isidro, que llegó a asistir a alrededor de 300 personas, incluyendo vecinos provenientes de Punta Diamante, El Chingo y San Jorge. Sus responsables señalaron que la falta de recursos los obliga a cocinar solamente una vez por semana. Una situación similar se registró en el comedor “Agustín Tosco”, de Alto Comedero, donde las raciones previstas para 50 personas deben extenderse para alimentar a 70 u 80 comensales.
La problemática no se limita a la cantidad de personas que buscan un plato de comida. La escasez de mercadería y la dificultad para sostener las actividades llevaron incluso a algunos espacios a reducir o suspender temporalmente su atención. El merendero “A Pulmón”, por ejemplo, llegó a interrumpir durante una semana la asistencia que brinda habitualmente a 170 niños y 20 adultos mayores por falta de alimentos y recursos.
El crecimiento de la demanda evidencia una problemática que va más allá de los propios comedores: cada vez más hogares necesitan complementar su alimentación mediante redes comunitarias. Referentes sociales vienen reclamando mayor asistencia y continuidad en la entrega de mercadería, mientras muchos espacios dependen de donaciones y del esfuerzo de voluntarios para continuar funcionando. En este escenario, garantizar el acceso a los alimentos aparece como uno de los principales desafíos sociales para los sectores más vulnerables de Jujuy.

