El uso cada vez más temprano y frecuente de celulares en niños genera preocupación por sus posibles efectos en el desarrollo, el descanso y el aprendizaje. Especialistas advierten que el problema no pasa únicamente por la cantidad de horas frente a una pantalla, sino también por el tipo de contenido, el momento del día en que se utiliza y si el dispositivo termina desplazando actividades esenciales como jugar, dormir, estudiar o interactuar con otras personas.
Un informe actualizado de la Academia Americana de Pediatría (AAP) señala que el uso excesivo de medios digitales durante la infancia se encuentra asociado con menor rendimiento académico, dificultades en el control de la atención y alteraciones del sueño. Además, la utilización de pantallas antes de dormir puede retrasar el descanso y afectar su calidad, entre otros factores por la exposición a la luz y por el nivel de estimulación que generan determinados contenidos.
La preocupación también alcanza a edades tempranas. Un estudio publicado en Pediatrics encontró una asociación entre tener un smartphone a los 12 años y mayores probabilidades de presentar sueño insuficiente, obesidad y depresión. Los investigadores aclaran que estas asociaciones no prueban por sí solas que el teléfono sea la causa directa, pero consideran que los resultados justifican prestar mayor atención a la edad en la que los menores acceden a un dispositivo propio y a la forma en que lo utilizan.
Frente a este escenario, el desafío para las familias no consiste necesariamente en eliminar por completo las pantallas, sino en establecer límites y acompañar activamente su utilización. UNICEF advierte que la tecnología puede aportar oportunidades de aprendizaje, comunicación y desarrollo de habilidades, pero sus efectos dependen de cómo y para qué se use. Por ello, cobra importancia evitar que el celular reemplace el juego, la actividad física, el descanso y los vínculos presenciales, además de prestar atención a los contenidos a los que acceden niños y adolescentes.

