Actuar rápidamente ante un paro cardíaco puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Esta emergencia médica ocurre cuando el corazón deja de latir de forma repentina, lo que interrumpe el flujo de sangre al cerebro y a otros órganos vitales. La persona suele desmayarse, no respira normalmente y no responde a estímulos. En ese momento, cada segundo cuenta.
Lo primero que se debe hacer es comprobar si la persona responde y respira. Si no lo hace, es fundamental llamar al servicio de emergencias (107 en Argentina) o pedir ayuda inmediata. Luego, iniciar maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP): comprimir con fuerza y ritmo el centro del pecho (100 a 120 veces por minuto), sin interrupciones, hasta que llegue la asistencia médica o haya signos de recuperación.
Si hay un desfibrilador externo automático (DEA) disponible, debe usarse cuanto antes. Este dispositivo puede restaurar el ritmo cardíaco mediante una descarga eléctrica y está diseñado para que cualquier persona pueda usarlo, ya que da instrucciones claras paso a paso.
Diversas organizaciones, como la Cruz Roja Argentina, ofrecen cursos gratuitos de RCP y uso de DEA para toda la comunidad. Saber cómo actuar no requiere conocimientos médicos, pero sí voluntad de aprender: intervenir en los primeros minutos puede aumentar hasta en un 70% las chances de supervivencia.

