El gobierno de Donald Trump anunció este miércoles una serie de aranceles globales a las importaciones hacia Estados Unidos, con un impacto particularmente fuerte sobre China, uno de sus principales socios comerciales. La medida marca el inicio de una guerra comercial sin precedentes y coloca a Pekín en el centro del conflicto económico. China deberá enfrentar un arancel del 54 %, el más alto entre los grandes exportadores, lo que intensifica las ya tensas relaciones bilaterales.
La fórmula aplicada por la Casa Blanca se basó en el déficit comercial de EE.UU. con cada país. En el caso chino, el superávit alcanzó los US$ 295.400 millones en 2024, mientras que sus exportaciones a EE.UU. fueron de US$ 439.900 millones. A partir de ese cálculo, se sumó un 34 % a los aranceles preexistentes del 20 %, lo que arrojó un total del 54 % de gravamen. Según el gobierno de Trump, ese porcentaje representa el «arancel cobrado» por China a Estados Unidos mediante su desbalance comercial.
La respuesta de Pekín no se hizo esperar. Autoridades chinas anticiparon represalias comerciales y acusaron a Washington de adoptar medidas unilaterales que distorsionan el comercio mundial. La tensión impactó de inmediato en los mercados: el índice Dow Jones cayó 1.500 puntos, mientras que el Nasdaq, con fuerte presencia tecnológica, perdió un 4,9 %. Empresas estadounidenses con operaciones en China y consumidores en ambos países podrían ser los primeros en sentir las consecuencias.
Más allá del enfrentamiento entre las dos mayores economías del mundo, la medida trastoca el equilibrio del comercio internacional. China, al igual que otros países afectados, deberá rediseñar su estrategia exportadora y buscar nuevos destinos para sus productos. Mientras tanto, en Estados Unidos se espera una suba en los precios al consumidor, ya que el impacto de los aranceles probablemente se traslade al bolsillo de los ciudadanos.
Entre los países más afectados se encuentran históricos aliados de Estados Unidos como la Unión Europea, Corea del Sur y Japón, que deberán enfrentar aranceles del 20%, 26% y 24% respectivamente. También resultan perjudicadas naciones vulnerables como Camboya y Laos, con gravámenes del 49% y 48%. China, segundo mayor exportador a EE.UU., soportará un arancel del 54%, resultado de una fórmula que combina su superávit comercial con aranceles preexistentes.
En contraste, Canadá y México, socios clave de EE.UU. en el comercio regional, quedaron exentos de los aranceles recíprocos más altos. Sin embargo, ambos países continuarán enfrentando un 25% de arancel sobre bienes no cubiertos por el tratado de libre comercio. La decisión del gobierno estadounidense se basó en una nueva metodología que dejó de lado el principio de reciprocidad y priorizó el análisis del déficit comercial bilateral.
La reacción internacional no se hizo esperar: China, la Unión Europea y México advirtieron que responderán con medidas similares. En tanto, analistas advierten que la economía interna estadounidense también se verá afectada por el encarecimiento de productos importados, lo que repercutirá en el consumo. A nivel global, los países más perjudicados deberán redefinir sus estrategias comerciales y adaptar sus estructuras productivas para amortiguar el impacto de esta histórica decisión.

