Hoy 26 de enero se conmemora el Día Mundial de la Educación Ambiental, una fecha que busca resaltar la importancia de la educación como herramienta clave para fomentar conciencia y acción en torno al cuidado del ambiente y la sostenibilidad. Desde su origen en la década de 1970, esta jornada ha adquirido relevancia internacional como un llamado a reforzar la relación entre las personas y la naturaleza a través del conocimiento y la participación activa.
Esta efeméride tiene sus raíces en la Declaración de Estocolmo de 1972, durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano en Suecia, donde por primera vez se declaró la educación ambiental como una prioridad global. Posteriormente, en 1975, especialistas de más de 70 países se reunieron en Belgrado, generando la Carta de Belgrado, que definió principios, metas y objetivos para promover una educación que impulse actitudes y compromisos orientados a la protección del entorno.
A lo largo del mundo, la educación ambiental se entiende como un proceso dinámico y participativo que no solo transmite información, sino que también busca desarrollar habilidades, valores y motivaciones que permitan a las comunidades identificar y afrontar problemáticas ambientales locales y globales. En muchos países, incluidas instituciones educativas y organizaciones sociales, hoy se llevan a cabo actividades, talleres y campañas para acercar estas temáticas a estudiantes, docentes y público en general.
En el contexto argentino, la fecha también sirve para poner en valor políticas públicas y programas orientados a la educación ambiental, tanto en ámbitos formales como no formales. Expertos coinciden en que la educación ambiental es una pieza fundamental para promover estilos de vida sostenibles y para preparar a las nuevas generaciones a enfrentar desafíos como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación, integrando el conocimiento científico con prácticas cotidianas más responsables.

