Beber agua contaminada con arsénico —especialmente en su forma inorgánica— representa un grave problema de salud pública. Según Organización Mundial de la Salud (OMS), esta sustancia, presente de forma natural en muchas aguas subterráneas, puede ingresar al cuerpo a través del agua para consumo, la preparación de alimentos y el riego de cultivos. Las regiones que utilizan aguas de pozos poco profundos o con alta concentración natural de arsénico —como ocurre en algunas zonas de Argentina— están particularmente expuestas.
Los efectos para la salud pueden aparecer tanto tras ingestas agudas como tras exposiciones prolongadas. En casos de intoxicación aguda con altos niveles, las personas pueden sufrir náuseas, vómitos, diarrea, dolores abdominales, calambres musculares y, en situaciones extremas, la muerte. Pero el peligro más silencioso es la exposición crónica: con el paso del tiempo, el arsénico se acumula en el organismo y comienza a provocar daños internos.
Entre las señales más comunes de intoxicación crónica figuran cambios en la piel: aparición de manchas oscuras (hiperpigmentación), engrosamiento y endurecimiento de la piel en palmas de manos y plantas de pies (hiperqueratosis), así como lesiones cutáneas precancerosas. Pero lo más alarmante es que el consumo prolongado de agua con arsénico se ha vinculado de forma robusta con varios tipos de cáncer: de piel, vejiga, pulmón, riñón e hígado. Además, hay evidencia creciente de que la exposición crónica puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, hipertensión, problemas renales, efectos adversos en el sistema nervioso, y hasta impactar negativamente en el desarrollo prenatal y cognitivo infantil.
Frente a estos riesgos, las autoridades de salud subrayan la urgencia de garantizar agua segura: reemplazar fuentes contaminadas, monitorear los niveles de arsénico y aplicar tratamientos adecuados.En hogares donde se detecta contaminación, se recomienda usar filtros eficaces (como ósmosis inversa o filtración especializada) y recurrir a fuentes alternativas de agua para beber y cocinar.

