En Jujuy, crece la preocupación por el avance de la informalidad laboral, una situación que afecta incluso a quienes cuentan con un empleo registrado. Cada vez más trabajadores se ven obligados a salir a las calles, ferias o espacios públicos como la vieja terminal o la peatonal, para vender sus pertenencias con el objetivo de generar ingresos adicionales. El fenómeno responde a la insuficiencia de los salarios frente al constante aumento del costo de vida.
Según los últimos datos del INDEC, el 42% de los trabajadores del país se encuentra en la informalidad, una cifra que refleja el deterioro del mercado laboral. Aunque la tasa de empleo general es del 45,7% en los principales centros urbanos, una gran parte de esa fuerza laboral carece de derechos básicos, como obra social, aportes jubilatorios o estabilidad. En Jujuy, esta realidad se traduce en un crecimiento visible del comercio informal.
Las razones que empujan a los jujeños a buscar ingresos extra son múltiples: el alza en servicios básicos como el agua y la luz, el precio del transporte y los gastos escolares. La situación se agrava en los barrios más vulnerables, donde muchas familias apenas logran alimentarse una o dos veces al día. En este contexto, los manteros no solo ofrecen productos para vender, sino también artículos personales, evidencia clara de que ya no se trata de emprendimientos sino de una forma desesperada de subsistencia.
Frente a este panorama, regular la actividad se vuelve complejo. Mientras los vendedores ambulantes históricos cuentan con permisos y ciertos marcos legales, quienes hoy salen por necesidad lo hacen en la informalidad total, sin recursos para pagar tasas o cumplir requisitos. La crisis económica ha transformado las calles en refugio de quienes, pese a tener un empleo, no logran cubrir sus necesidades más básicas.

